5 Febrero 2009                                                                         

 

Muchos de ellos integran el pelotón de los torpes. Se detienen siempre ante
la misma palabra, repiten los mismos errores una y otra vez y, cuando el resto de
sus compañeros ya es capaz de leer con fluidez la lectura de la semana, la página
del libro sigue cargada de vacilaciones y silencios para ellos. Otros arrastran el
sambenito de vagos y rebeldes. Tienen fama de espabilados y de tener mucha labia.
No atienden, pero son simpáticos. Sin embargo, ni son perezosos, ni su inteligencia
es inferior a la media. Tienen dificultades para aprender al mismo ritmo y de la
misma forma que los otros chicos. Son víctimas frecuentemente de una didáctica
demasiado igualitarista insuficientemente atenta a la singularidad de cada uno de
los sujetos del aprendizaje.
Entre el 10% y el 15% de los niños y niñas en edad escolar sufren dislexia
o algún problema de aprendizaje. Alrededor del 50% de los fracasos escolares son
la consecuencia de estos trastornos.

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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